Y tu ¿Qué harías si no tuvieras miedo?

 In Emociones

Esta es la frase exacta que he leído como enunciado de un artículo, y me ha puesto los pelos cual escarpias.

Pues lo que harías probablemente es morirte, pronto, bastante pronto. De hecho, si de verdad, si estás seguro de que no tienes miedo,  ya estás muerto, y es el cabezón de tu espíritu errante quien está leyendo esto. Ya hace tiempo que te atropelló un autobús, porque tu, valiente, que no tienes miedo a nada, pasaste por delante con el pecho henchido y la sonrisa triunfal de los todopoderosos.

Parece ser que hay que tomarse el miedo como una cosa inaceptable, de lo que se prefiere no hablar, o como algo a negar. “Yo no tengo miedo a nada”, gustan de decir algunos… (Ya, y una caca).

Esto ocurre porque debido al “boom” que existe en la actualidad sobre psicología positiva, hay emociones que están de moda, y otras que hay que evitar porque no molan. Esta moda presupone al miedo como debilidad, aquello que te aleja de tus objetivos, por lo que hay que negarlo a toda costa.

 ¿Y si te digo que el miedo es una señal de inteligencia? 

De hecho, la primera que aparece, ya que es la que sustenta nuestro instinto de autoconservación; el que nos impulsa a la supervivencia. El miedo es una emoción innata y adaptativa. Un bebé aun no nacido se sobresalta ante un ruido fuerte en la barriga de su madre. Y es que sin miedo, no sobreviviríamos mucho. El miedo es un mecanismo necesario para la supervivencia, una emoción que nos alarma sobre un peligro, proporcionando la energía necesaria para actuar. La energía tanto física (para escapar de un posible atropello lo más rápido posible). Como mental: para analizar la situación que nos produce miedo y darle la mejor respuesta.

Ya se están estudiando casos en los que algunas personas, llevadas por esta creencia de que hay que evitar el miedo a toda costa, generan de manera inconsciente un “miedo al miedo”. Negando su miedo hasta el punto en el que se produce una desconexión emocional, por culpa de la cual dejan de sentir el miedo de manera consciente.

En este tipo de estudios, se expone a personas a estímulos que provocan miedo. Lo que se ha detectado en los resultados, es que en las personas que reconocen su miedo de forma natural hay una coherencia entre lo que dicen (afirman tener miedo) y lo que se registra en su cuerpo (aumento de las pulsaciones y la temperatura corporal, etc.) Sin embargo, en un grupo de personas que afirmaban no sentir miedo, aunque su talante era tranquilo e impasible (aclaro que no fingen, realmente se han desconectado de su miedo relegándolo al inconsciente) se registran en su cuerpo las mismas señales fisiológicas (aumento de pulsaciónes, etc) que en el otro grupo.  Como ves, lo que ocurre en estos casos es que lo que tu cerebro intenta acallar, tu cuerpo lo grita.

 Nos están vendiendo la falsa idea de que la cumbre del desarrollo personal se asienta sobre la ausencia de miedo, y la estamos comprando como chucherías.

Chucherías cerebrales, que no son nada sanas a largo plazo pero te ofrecen una sensación de placidez instantánea. Sensación para la cual nuestros cerebros están muy aleccionados gracias a nuestra necesidad de gratificación instantánea. Y también al bombardeo permanente de marketing positivista.

Tal vez estás pensando: ¡Pero si el positivismo es algo estupendo, es lo que nos aleja de la negatividad!

A lo que yo te digo: sí y no. Si, el positivismo es algo estupendo, una actitud en la que debemos trabajar cuando es necesaria, cuando carecemos de ella. Pero no, lo que nos aleja de la negatividad no es el positivismo, si no la racionalidad. El camino de la negatividad hacia el positivismo transita sobre término medio de la racionalidad, hermanas…

NEGATIVIDAD – RACIONALIDAD – POSITIVISMO

La negatividad es el negro y la  positividad el blanco, pero hemos de asentarnos sobre el eje o punto medio: la racionalidad, si no queremos vivir en una montaña rusa emocional. Los pies sobre la tierra, la coronilla apunta al cielo, pero no olvidemos que entre pies y coronilla tenemos un cuerpo que une ambos extremos.

El miedo sólo es desadaptativo cuando es irracional

Con irracional me refiero a un miedo que no tiene un motivo real para existir: a las hormigas, a un cachorrito, a hablar en público, etc. Vamos, que el miedo es adaptativo cuando está fundado en el conocimiento de peligros que superan nuestras fuerzas, y deja de serlo cuando se funda en una sobrestimación de las fuerzas amenazadoras, o en una subestimación de nuestras fuerzas. Si te interesa, tienes una explicación más extensa sobre la diferencia en entre miedo adaptativo y desadaptativo en la primera página de la guía sobre arquetipos de la supervivencia, que puedes descargarte desde la página principal de maewes.

Hay otro tipo de miedo desadaptativo, del que no se suele hablar, ya que ni tan siquiera somos conscientes de él. Se trata del “miedo como fenómeno social”. Una emoción sutil y contagiosa que, en este momento, se está expandiendo mucho dada la actual situación con el coronavirus.  Pero este sería otro menester del que hablar largo y tendido…

Cambiemos la frase: Y tu, ¿qué harías si no tuvieras miedo? por esta otra: Y tu, ¿que harías si supieras gestionar el miedo correctamente?

La respuesta a la primera pregunta sería: ser todopoderoso o un psicópata (y una de estas opciones no es posible)

Vamos con la respuesta a la segunda pregunta: ¿Qué harías si supieras gestionar el miedo correctamente?

Gracias a gestionar el miedo correctamente, aceptándolo, y trabajando con él codo con codo hasta que deis con la solución. Adquirirás una serie de herramientas que nadie te podrá quitar. Las cuales te ayudarán a salir airoso de las situaciones y tener un mayor margen de perspectiva y actuación en situaciones futuras similares.

Si lo niegas, la única herramienta que conseguirás a cambio será la negación. Muy utilizada a nivel social en general en la actualidad, dado que es más fácil negar algo, que hacer un trabajo consciente que puede que no sea agradable.

Pero no olvides que lo que tu mente acalla tu cuerpo lo grita. Por mucho que lo niegues, o incluso te desconectes de él, tu cuerpo encontrará la manera de informarte, es lo que se conoce como somatización. La somatización es la manera que tiene tu cuerpo de informarte de que algo que no ves, o no quieres ver no va bien.

No te dejes convencer por la idea de que si no tuvieras miedo tu vida sería estupenda, y tus días pasarían correteando entre nubes de algodón y bosques de caramelo.

Si tienes miedo de vez en cuando es porque eres humano, y porque el miedo es una señal que para algo está ahí.

Qué humilde e inteligente es decir de vez en cuando “me da miedo tal cosa”. Por mucho que el miedo no esté bien cotizado actualmente en el mercado de actitudes de moda. En el cual las más valoradas son: La actividad, la valentía, la alegría, la proactividad, etc. Tal vez al ver la lista estés pensado “pues si todas esas actitudes son muy buenas”. De nuevo, si y no, depende…

No nos dejemos engañar por los conceptos que tenemos clasificados automáticamente como bueno y malo, nuestra mente está llena de prejuicios respecto al bien y al mal. No siempre es bueno ser proactivo, de hecho, serlo cuando es el momento de mantenerse al margen te hace prepotente.  Podemos ir un poco más allá todavía, y analizar que, la principal actitud de moda hoy en día: ser muy activo, en muchos casos lleva a sufrir estrés, que es la principal causa de enfermedad grave que padece la sociedad.

Y volviendo al miedo, esta emoción básica tan nuestra y tan humana, decir que, qué útil es tener miedo cuando conviene tenerlo, observarlo, escucharlo, y gestionarlo.

Imagen: Jaroslav Devia

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