Sueño de una noche de verano.

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Supongo que no es casual, que haya escogido el día del solsticio de verano para publicar este post (el cual llevaba cerca de un año en categoría de borrador). Algo habitual en mis sueños, es que nunca hace frío, son templados. También que suele ser de noche, aunque casualmente esta semana he tenido un par de sueños en los que era de día. Vamos, que mis sueños son más bien nocturnos y veraniegos.

Por otro lado, el solsticio de verano siempre ha sido para mí el día más especial y mágico del año, el día que triunfa la luz sobre la oscuridad y brilla el máximo de horas que le permite la redondez del planeta…

Porque los sueños no solo sueños son, son mucho más que eso.

Cada vez hay más evidencia respecto al impacto de los sueños en nuestra vida. Durante el sueño nos regeneramos y aprendemos. De hecho, la memoria depende directamente de la calidad del sueño de las personas: lo que aprendemos durante el día se consolida en nuestra memoria mientras dormimos.

Jung decía que en nuestros sueños ensayamos nuestro próximo paso evolutivo. Los bebes sueñan que andan o hablan antes de hacerlo. Esto también nos ocurre a los adultos. ¿Quién no ha soñado al empezar en un nuevo empleo que continúa trabajando? Cuando esto sucede creemos que es por los nervios o la ansiedad de la novedad…puede ser. Aunque también es que tu sueño te está ayudando para que te adaptes con más facilidad a la nueva situación.

Los aborígenes ya sabían lo que la física cuántica ha descubierto: La intención crea la realidad.

Hay tribus que le dan mucha importancia a los sueños: los usan como guía, para ellos el mundo de los sueños es anterior a la realidad.

Los sueños son nuestra conexión con el mundo arquetípico, el mundo de las ideas según platón, que era el verdadero mundo que sustenta a este que conocemos. Este mundo de las ideas de platón los físicos cuánticos hoy en día lo llaman el mundo cuántico. Según la física cuántica el observador determina la experiencia: Cuando posamos la mirada en una de las posibilidades, esta se manifiesta en el mundo material.

El poder de los sueños en la psique humana y el colectivo es sobradamente conocido por las «élites» desde (supongo) siempre. Un dato curioso a este respecto, es que en la unión soviética a los rebeldes se les suministraba un fármaco que bloqueaba la función onírica. Si a un ser le arrancamos la capacidad de soñar, esto se refleja en su capacidad de percibir y crear. Por otro lado, las pesadillas a veces denuncian un malestar comunitario. Sobre este dato podemos conocer más gracias al libro llamado El tercer Reich de los sueños, escrito por Charlotte Beradt durante el holocausto nazi.

Hay tres momentos que nos igualan a todos: el nacimiento, la muerte y los sueños. Cuando soñamos todos somos igual de poderosos, nadie es más rico, pobre…las diferencias se difuminan.

Los sueños trabajan para que nos sintamos más individuales y para que estemos más unidos.

Aunque parezca una incoherencia, cuando más individuales somos más unidos estamos. El ser una persona individual, con personalidad propia, hace que también seas más respetuoso y abierto hacia las individualidades de los demás. En consecuencia te sientes más unido a todos en general. No a un grupo concreto, a una ideología concreta… separándote de las otras personas o grupos que opinan diferente.

La “norma” estandariza jerárquicamente en grupos que se confrontan entre ellos (razas, géneros, religiones).  Si eliminamos todas estas polaridades, las cambiamos por una masa de seres individuales conformados cada uno de ellos en base a su propia libertad y decisión interna ¿Qué nos encontramos? Si todos somos únicos y diferentes ¿Con quien nos vamos a pelear si no tenemos contrarios (polaridades) con los que entablar una guerra? Si hubiese tantas personas como “normas”, habría menos confrontación. Serían pequeñas confrontaciones de uno a uno que se disolverían con relativa facilidad.

Los humanos tendemos a vernos pequeños y limitados, nos autodefinimos muchísimo con el ego, el sobre definirnos nos produce un sentimiento de seguridad. Nos da la impresión de que podemos controlar las cosas y nos produce sensación de importancia personal. Nos auto limitamos para sentirnos más grandes, y nos convertimos en gigantes con pies de arcilla. Esto nos lleva a victimizarnos: Yo no puedo, no soy capaz…

El dicho: Consultarlo con la almohada tiene un significado mucho más profundo de lo que creemos.

Los sueños están al servicio de nuestra grandeza y nuestro poder personal. Intentan ayudarnos a sanar lo que nos debilita. Intentan llamar la atención hacia conflictos que tenemos con nuestro entorno, pero cuando tenemos conflictos con el entorno, es porque los tenemos con nosotros mismos. Los sueños nos lleva un poco más allá de lo que conocemos de nosotros mismos.

Consultar algo con la almohada no es como popularmente creemos meternos en la cama y darle vueltas a un problema. Es bien sabido que muchos inventores, artistas…creadores en general, han encontrado en sus sueños la resolución de su trabajo (entre ellos Frida Kahlo, de ahí que haya escogido su imagen).  Consultarlo con la almohada viene a ser pedir a nuestros sueños que nos aporten una solución, centrarnos en la solución y no en el problema. Hay técnicas para trabajar este contacto con nuestros sueños de un modo muy sencillo.

El sueño es una conducta, y como tal, hay que entrenarlo y educarlo. Si no le indicamos antes de dormir lo que debe hacer, hace lo que le parece. Esto no es malo en absoluto, pero tampoco productivo.

En cuanto a la parte más «popular y comercial» de la función onírica (la interpretación de los sueños). Debemos tener claro que los sueños se deben interpretar de forma individual. El sueño le habla directamente al soñante concreto.

Sueños lúcidos: Cuando el consciente se filtra en el inconsciente.

Los sueños lúcidos se dan cuando mientras soñamos nos hacemos conscientes de que estamos soñando.

En este fragmento explico el modo en el que en algunas ocasiones detecto que si estoy teniendo un sueño lúcido:

Estoy en mi habitación. Salgo al pasillo y la profundidad de la oscuridad me hace dudar, una vez más, si lo que estoy viviendo es sueño o realidad. Hago la prueba de siempre para comprobar en qué estado de consciencia me encuentro: pulso el interruptor de la luz y no se enciende. Es un sueño…

No siempre necesito realizar esta prueba para comprobar si estoy teniendo un sueño lúcido. En algunas ocasiones simplemente lo sé, en otra me doy cuenta de repente. Lo bonito de los sueños lúcidos es que desde el momento en el que percibes que estas en un sueño, puedes manipularlo y hacer lo que quieras, aunque no del todo. Los que conocéis este tipo de sueños sabréis que unas veces es más sencillo, y otras no sabemos porque no funciona o no conseguimos crear lo que queremos del todo en el sueño. Somos creadores, pero estamos supeditados a ciertas normas que no conocemos.

Dejo aquí este texto, el cual me ha provocado una extrañísima sensación escribir. Sensación de estar quedándome dormida a cada palabra. De que alguien quisiera apagar el interruptor antes de que le de al botón de «publicar». Sueño, luego existo. Feliz solsticio.

Sueño de una noche de verano. «Seakespeare»

A María, gracias por ayudarme a despertar.

 

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