Psicología de patio y corral.

Inseguridad. Capítulo segundo, versículo primero.

Quiero destacar que, como comente en el primer artículo sobre inseguridad, aquí estoy hablando de inseguridad velada o inconsciente, limitante para uno mismo y limitadora para los demás, ya que la inseguridad tiene muchas formas y matices.
Hago este comentario ya que tal vez alguien al leerlo piense: Yo siempre me he considerado inseguro/a porque soy muy indeciso, o me dan miedo los cambios, o no puedo hacer nada solo/a, o soy tan perfeccionista que nunca me parece que hago lo bastante bien, etc. De acuerdo, sí, eso también es inseguridad, pero es una inseguridad reconocida y abierta. Tú sabes que es inseguridad porque eres consciente de ello. Los demás saben que es inseguridad porque gracias a tu nivel consciencia tienes la capacidad de comunicárselo.  Esto sería, como se dice coloquialmente “harina de otro costal “.
 Dicho esto, os presento al segundo capítulo sobre inseguridad.
O, sobre como Sancho intentó que El Quijote se relajara y acabó pegándose de cabezazos contra un árbol.
En una ocasión, una mujer, desesperada por no saber cómo acertar con su pareja me decía estas palabras: – Estamos bien juntos, no hay motivos importantes que se me ocurran por lo que no podamos estarlo. Pero él, lo mismo esta tan a gusto conmigo, como de repente me hace el vacío, o provoca algún conflicto entre nosotros haciéndome sentir mal. El otro día después de un enfado, por fin me dijo que como podía saber si yo iba a estar con él toda la vida.

 Empiezo directamente con este ejemplo porque resume mucho lo que es convivir con una persona insegura. Vamos a ir desgranando pieza a pieza esta situación, :

Reto.

  Ellos/as esperan de ti una previsibilidad absoluta, y por lo tanto imposible.
La vida es variable y las personas también. Como en el fondo son conscientes de este, para ellos, “fallo del sistema”, ponen a prueba la relación continuamente para ver hasta dónde pueden contar contigo.  Dependiendo del nivel de inseguridad, este problema será más o menos inhabilitante para ellos. Una persona con un nivel de inseguridad leve, te pondrá a prueba, pero poco  a poco se irá relajando si le comprendes y sabes hacerle entender con cariño.
Ahora, alguien con este rasgo muy potenciado, empezará poniendo a prueba, pero como ninguna prueba será suficiente, terminará saboteando la relación, o incluso convirtiéndose en un verdadero/a castigador/a. Esto lo hacen para confirmar su creencia de que las personas no son seguras, y no se puede confiar en ellas. Ponen a prueba o sabotean a la pareja para ver si a pesar de ello sigues ahí, cuanto más les aguantes más seguro eres.  Y en el caso de que no les aguantes y les dejes, se confirma y refuerza su miedo respecto a no confiar en las personas, porque son inestables y te acaban fallando.

Sabotaje.

 En ocasiones, también sabotean los intentos de los demás por hacer algo que ellos no se atreven, al no considerarlo seguro. Se sienten amenazadas por las personas que se toman la vida de una forma más liviana y sin tantos miedos, y reaccionan boicoteando los intentos del otro por hacer algo, a su parecer, arriesgado.  Si consiguen que la otra persona no cumpla sus objetivos se reafirma su creencia de que es mejor limitarse a lo seguro, ya que si te sales del tiesto te estampas. Si la persona hace caso omiso de la opinión del inseguro y su proyecto tiene éxito, el inseguro lo atribuirá a una mera casualidad bastante poco probable. En el fondo sufren una envidia velada por las personas seguras a las que intentan sabotear, (la envidia es una sensación de carencia, veo algo en los demás que yo no tengo y me gustaría tener). 
 Generalmente, justifican su actitud desconfiada como racionalidad, y los demás son unos incautos al no tomar más medidas auto-protectoras.

Control:

Todo bajo control: Control, control, control…aquí tenemos otro imposible al que aspiran algunas personas inseguras. Si lo tengo todo controlado estoy segura. No se puede tener todo controlado, siempre habrá situaciones que se escapen a nuestro control. También se puede dar la necesidad de intentar controlar a los demás, la pareja principalmente. Y esto ya no es que sea posible o imposible, es directamente inaceptable, ya que nadie tiene derecho a intentar controlar la vida de otro. A lo que podrías pensar: “Pues si, oye, si para estar con una persona tienes la necesidad de controlarla, mejor quédate solo/a y deja a los demás en paz. Ya, si, bueno, pero es que no pueden, ¿Por qué?
Dependencia emocional, la cual ya describí en el anterior artículo sobre la inseguridad, y aquí, queridos hermanos, el pececillo se muerde la cola.
Próximamente llegará a nuestras pantallas: “¡Soy inseguro/a! ¡Y ahora qué hago dios mío!”.  Tranquilos, que no panda el cúnico.

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