Psicología de patio y corral.,  Uncategorized

Falsos mitos sobre las relaciones de pareja.

Falsos mitos sobre las relaciones de pareja que causan divorcio, o peor aun, infelicidad.

Mito primero.

Salmo 157. En las relaciones hay que estar continuamente peleando para no perder terreno.

O bien, como me dijo un antiguo compañero de trabajo: “En una relación, terreno que pierdes no lo recuperas”.  Parece ser que al entrar en una relación lo tienes que hacer con armadura, escudo y espada, con todo bien dispuesto para la batalla. El otro ha aparecido en tu vida para colonizar tu terreno y hacerse con él, y tú, debes luchar para ganar el suyo. O mejor dicho, la mayor porción del mismo que te sea posible. También, de vez en cuando, como todo buen estratega, debes estar DISPUESTO a darle un poco de cancha al otro, cediendo en alguno de sus requerimientos. ¡Pero siempre con el fin de continuar ganando terreno!

Es mucha la gente que piensa que esto es lo normal en las relaciones: que una de las personas esté más “al mando”, como macho o hembra alfa, y el otro quede relegado a un segundo lugar. Aunque también hay mucha gente que ni siquiera se plantea esta situación, simplemente lo viven como “lo normal”. Y por último está el tercer grupo de personas, que viven esta experiencia de forma inconsciente. Son, los que más intensamente luchan o se someten, probablemente porque fueron criados por personas que ejercían roles de dominio/sumisión muy fuerte, y esto les llevó a mimetizarse con uno de los dos roles. Sea cual sea el motivo, el resultado es el mismo: Relaciones que en lugar de sumar, restan. Restan principalmente energía, dado el considerable esfuerzo que requiere el manipular al otro, o bien el defenderse de las manipulaciones. Peor aun si la opción escogida es la de someterse: si sucede esto, más que restar energía esta se va sola por una especie de agujero.  Otra afirmación que he escuchado cuyo significado viene a decir algo similar, es la siguiente:

“Hombre que no manda en su casa, malo”.

¡Adelante señoras, tírense de los pelos, rásguense las vestiduras, que no es para menos! Lo pongo como ejemplo, al igual que el anterior, porque como digo esta frase la he escuchado literalmente. Si si, con estas orejillas mías. Por supuesto,  podemos aplicar esta frase tanto a hombres como a mujeres que conciben las relaciones como luchas de poder. Todos conocemos casos en los que tras años de relación, el hombre ha quedado totalmente anulado como persona, y es la mujer la que lo maneja como si de una marioneta se tratase. El afán de dominio en las relaciones no es una cuestión  de sexos, es una cuestión de ausencia de amor y de respeto.

Lo que podemos deducir de esta frase, y la voy a recordar, ya que me parece el estribillo perfecto para un temazo de reguetón. “Hombre que no manda en su casa, malo”, es que en una casa solo puede mandar uno, por lo que las relaciones se basan en un intercambio entre soberano/a, y sometido/a. También es cierto que es fácil detectar estos patrones de relación cuando son muy extremos, y se ve claramente “quien manda”. Pero ojo con los grises, que por ahí es por donde navegan la mayoría de las parejas, y en ocasiones, la lucha de poder es tan sutil que apenas se percibe.

Esto, aparte de absurdo y agotador, es un graso error. En una casa/familia, cada uno manda en su propia vida, y es una enorme falta de respeto, y más aún, de amor, el intentar mandar en la vida del otro. Y digo de amor ya que, eso, queridos hermanos, no es amor.

 Hagámonos esta pregunta ¿Como me siento en las relaciones: Construyo o colonizo?

Una persona que entra en una relación para construir, no intentará colonizar al otro, ni tampoco correrá el riesgo de ser colonizado por el.

Alguien que entre en una relación para colonizar al otro, puede ser más o menos fácil de de detectar en un principio, ya que la manipulación para algunas personas es la más fina y sutil de las artes. No voy a hacer un “listado de actitudes que te indiquen que una persona te quiere colonizar”, ya que creo que este tipo de listados dan más lugar a confusión y paranoia que otra cosa. Pero si te voy a dar la clave para que tu misma/o te des cuenta de si esto está ocurriendo: ¿COMO TE SIENTES respecto a esa persona? Así de simple, analiza lo que sientes. Si percibes algo perturbador, míralo bien. Huelga decir que una persona que entre en una relación para construir, enseguida detectará este patrón, y “echará patas”.

Si entras en una relación para someterte, y tienes la suerte de dar con una persona que quiera construir una relación junto a ti. Esta persona enseguida se dará cuenta de tu situación y no permitirá que te sometas, se colocará a tu lado y te impulsará a tomar tu espacio. Ahora, si das con un colonizador, no tardarás en desaparecer como persona individual, enseguida serás un objeto a su disposición. ¿Y como se si entro en una relación para someterme? Esta pregunta es mucho más necesaria de lo que parece, ya que la mayoría de la gente que sufre de sumisión no es consciente de ello. Piensa si cuando comienzas una relación lo haces marcando tus sanos límites, y con el pensamiento de un:  “Yo, me muestro tal y como soy con el otro”; o al contrario, intentas agradar y satisfacer al otro relegándote tu misma/o a un segundo plano.

Con lo que podríamos concluir que hay dos formas de llevar una relación.

La primera de ellas, es sobre la que acabamos de hablar harto y tendido: Ganar a costa de “fagocitar al otro”, consiguiendo el dominio en la relación. La otra sería ganar a costa de crecer junto a la persona con la que has elegido compartir tu camino.

Ganas, porque a nivel personal te sientes feliz en esa relación. Concibes a la otra persona como alguien que te acompañará en tu camino con amor y respeto, y CON (no contra…) el cual tu estas también deseoso, no dispuesto, DESEOSO de hacer lo mismo.

Para no extenderme demasiado con estas historias para no dormir, continuaré desmitificando mitos (tan escalofriantes como el mencionado) en posteriores fascinantes fascículos…

 

Imagen: Yehuda Adi Devir

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