Psicología de patio y corral.

El miedo: Buen amante, mal marido.

Parece ser que hay que tomarse el miedo como una cosa inaceptable, de lo que se prefiere no hablar, o como algo a negar: “Yo no tengo miedo a nada”, gustan de decir algunos… (Ya, y una caca). 
Esto ocurre porque para muchas personas el miedo es debilidad, y la debilidad es mala.

Pero ¿Y si os digo que el miedo es una señal de inteligencia? 

De hecho, la primera que aparece, ya que es la que sustenta nuestro instinto de autoconservación; el que nos impulsa a la supervivencia. Tampoco es mala la debilidad. Reconocer nuestros puntos débiles puede ser un tesoro cuando estamos en un proceso de cambiar hábitos por ejemplo (las cosas solo se pueden doblar por las partes blandas, o débiles, si intentas doblar algo demasiado rígido se rompe).

El miedo es una emoción innata y adaptativa. Un bebe aun no nacido se sobresalta ante un ruido fuerte en la barriga de su madre. Y es que sin miedo, no sobreviviríamos mucho, (si ves correr hacia ti a un animal salvaje y no sientes miedo, no huirás para ponerte a salvo). El temor es un mecanismo necesario para la supervivencia,  una emoción que nos alarma sobre un peligro, proporcionando la energía necesaria para actuar. El temor nos pone alerta y moviliza los recursos fisiológicos necesarios para superar la adversidad: Acelera el latido cardíaco, aumenta la presión sanguínea y el nivel de azúcar en sangre. Activa la secreción de adrenalina y noradrenalina. Aumentan las secreciones de la glándula pituitaria y suprarrenal, con lo que mejora la capacidad para enfrentarse al peligro luchando o huyendo. La fuerza y la rapidez aumentan de modo que el organismo se encuentra en un estado de movilización alerta.

El miedo es desadaptativo cuando es irracional, 

y con irracional me refiero a un miedo que no tiene un motivo real para existir: Miedo a las hormigas, a un cachorrito, a hablar en público, etc. Vamos, que el miedo es adaptativo cuando está fundado en el conocimiento de peligros que superan nuestras fuerzas, y deja de serlo cuando se funda en una sobrestimación de las fuerzas amenazadoras  o en una subestimación de nuestras fuerzas.
Hay otro tipo de miedo desadaptativo, del que no se suele hablar, ya que ni tan siquiera somos conscientes de el. Se trata del “miedo como fenómeno social”. Una emoción sutil y contagiosa.
Pero este sería otro menester del que hablar largo y tendido…
Después de esta parrafada psico-fisiológica podemos decir que, qué bueno e inteligente es decir de vez en cuando “me da miedo tal cosa”. Y ya de paso  podemos preguntarnos “¿Y porque la chorrada esta que tiene la gente muchas veces de negar el miedo? Pues esto se debe a que el miedo no está bien cotizado actualmente en el mercado de actitudes de moda, en el cual las más valoradas son: La actividad, la valentía, la alegría, la proactividad, etc. Tal vez al ver la lista estés pensado “pues si todas esas actitudes son muy buenas”.
No nos dejemos engañar por los conceptos que tenemos clasificados automáticamente como bueno y malo, nuestra mente está llena de prejuicios respecto al bien y al mal. No siempre es bueno ser proactivo, de hecho, serlo cuando es el momento de mantenerse al margen te hace prepotente. No siempre es bueno ser activo, ya que, cuantas personas sufren hoy en día de estrés y ansiedad debido a su actividad compulsiva. Podemos ir un poco más allá todavía, y analizar que, la principal actitud de moda hoy en día: ser activo, en muchos casos lleva a sufrir estrés, que es la principal causa de enfermedad grave que padece la sociedad. 

Si todas las personas que está en este momento centradas en su actividad frenética, se parasen un momento a reflexionar, se produciría un gran cambio.

Y volviendo al miedo, está emoción básica tan nuestra y tan humana, decir que, que útil es tener miedo cuando conviene tenerlo, observarlo, escucharlo, y gestionarlo.

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