El arquetipo del niño.

 In Arquetipos

“Juega, juega, juega…si dejas de jugar, estás perdido”

Tal y como comenté en el anterior artículo sobre los arquetipos (si no sabes de hablo lo puedes ver aquí). Voy a ir presentando a los cuatro arquetipos de la supervivencia, empezando por el arquetipo del niño. Ahora, te voy a contar como se genera este arquetipo en nosotros:

Al nacer, nuestro cerebro es como un ordenador nuevo, con sus programas de funcionamiento básicos (instintos). En ese momento comenzamos a grabar lo que sucede, nuestras sensaciones, impresiones, etc. En realidad, este proceso comienza en la barriga de nuestra madre, pero la cuestión es que no tenemos recuerdos anteriores a los 3-4 años aproximadamente. Solemos pensar que solo nos afecta lo que recordamos, ya que “ojos que no ven…”, pero no es así en absoluto. Lo que vivimos durante esos primeros años, queda grabado en otra memoria aunque no tengamos acceso a ella. Esta memoria, de la que hablo harto y tendido en los artículos sobre arquetipos, ya que es el lugar donde habitan, se aloja en el inconsciente. Y no os podéis imaginar de qué manera nos condiciona la vida.

Sin más dilación, pasemos a hablar del NIÑO:

El niño bien integrado en cualquiera de sus modalidades, nos empapa de juego y espontaneidad. Hace que no nos tomemos la vida tan en serio y nos alienta a disfrutarla, nos anima a ver la importancia del juego para aprender y seguir desarrollándonos.

El arquetipo del niño es feliz  cuando nuestro adulto se permite hacer lo que le gusta.

Existen varios tipos de niño interno o de arquetipo del niño. En este artículo voy a hablar de algunos de ellos.  Si los analizas tranquilamente y es muy posible que encuentres rasgos de tu propio niño interno. También puede que te veas reflejado o en más de uno, eso depende de lo que cada cual hayamos experimentado. He aquí nuestros niños:

EL NIÑO AMADO

Este niño ha sido criado en un entorno de amor y armonía, y recuerda su infancia como un periodo feliz y lleno de cariño.

El niño amado bien integrado representa la belleza y la inocencia. Es amoroso y de corazón puro. De adulto es sereno a la vez que conserva la curiosidad y pureza de la infancia. Son personas cariñosas y comprensivas con los desequilibrios de los demás, ante los cuales no reaccionan.

El niño amado mal integrado, nos lleva a la indefensión. Los niños pequeños son indefensos y necesitan de la protección de sus cuidadores. El problema viene cuando la protección ha derivado en sobreprotección, o se ha extendido en el tiempo más de lo necesario. Este niño se siente indefenso en un mundo hostil que no responde a sus necesidades. De adultos tienen serias dificultades para hacerse cargo de sí mismos. Les cuesta reconocer sus errores, y tienden a culpar a los demás, al entorno, o a lo que sea por ellos. Pueden tener reacciones infantiles o violentas si las cosas no salen como ellos quieren; y exigen que los demás se adapten a ellos y hagan las cosas a su conveniencia.

EL NIÑO ABANDONADO

Este arquetipo se desarrolla durante la infancia, en personas que: o bien han sido literalmente abandonadas por sus padres, o sus padres han estado ausentes durante la crianza, y no han atendido a las necesidades emocionales de sus hijos.

El niño abandonado bien integrado es lo que coloquialmente llamamos “persona hecha a sí misma”. Son personas que han sabido aceptar su carencia afectiva y coger las riendas de sus vidas. Al no haber tenido un modelo a seguir, se han hecho cargo ellos de sí mismos adecuadamente, y han desarrollado su propia personalidad y valores.

Este niño mal integrado, se transforma en un adulto con miedo al abandono y tendencia a la victimización. Para ayudarte a detectar este patrón, añadiré que son personas que suelen culpar abiertamente la ausencia de sus padres, o una infancia infeliz por sus problemas actuales. Tal vez luego se sientan culpables y digan “No, pero es que ellos pobres no pudieron hacer otra cosa”. Sí, pero ahí estamos erre que erre… Algunos, dada su inseguridad, se vuelven manipuladores tan sutiles que sus manipulaciones son muy difíciles de detectar por los demás. No obstante, el perfil “victimista” siempre va unido a estrategias de manipulación inconscientes.

EL NIÑO HERIDO

Este niño, tal y como indica su nombre, ha sufrido algún tipo de herida durante la infancia. Es un niño que se ha sentido agredido de algún modo, puede ser física, psicológica o emocionalmente.

El niño herido bien integrado, ha logrado comprender y trascender el dolor vivido en la infancia, y es capaz de crear relaciones sanas sin miedo a salir herido. Saben poner sanos límites con los demás, y no someten ni se dejan someter. También pueden ser personas que usan su aprendizaje para ayudar a los demás a curar sus heridas emocionales.

El niño herido mal integrado, puede derivar en varias vertientes, entre otras:

Puede ser que se identifique con uno de los papeles experimentados en su infancia (agresor o víctima). Si de adulto perpetúa su identificación con la víctima que fue de pequeño, será una persona sumisa, que soportará e incluso atraerá a personas que lo traten mal, tal y como sucedió en su infancia. También puede ser que se identifique con el agresor, para no volver a verse en el papel de víctima, y sea el quien someta a los demás por miedo a verse en una posición de desventaja.

EL NIÑO ETERNO

Este arquetipo del niño eterno habla del síndrome de Peter Pan. El que nunca crece, el que se niega a envejecer.

Este arquetipo bien integrado, empuja al adulto a no estancarse, tener una mentalidad joven y ser innovador. Son personas alegres, enérgicas y dinámicas, la “salsa de cualquier fiesta”. A veces son aventureros incansables.

En caso de estar mal integrado será un adulto que se niega a madurar y adoptar la responsabilidad que corresponde a su edad. En las relaciones puede tener tendencia a andar “de flor en flor”, a buscar una pareja que ejerza de padre/madre, o ambas cosas al mismo tiempo. Cuando escogen una pareja que sustituya a un cuidador son muy dependientes emocionalmente, y suele ser la pareja la que se encarga de solucionar sus conflictos cuando surgen.

EL NIÑO FANTASIOSO

Este arquetipo refleja esa parte infantil que imagina y crea sin parar. Esta maravillosa sensación que viven los niños cuando se pierden es sus pensamientos imaginando nuevos mundos.

Lo que ocurre con este niño si no madura adecuadamente, es que de adulto tendrá tendencia a no aceptar la realidad, lo que viene a ser hacia la negación y la evasión. Una de las maneras en las que se origina este patrón, es mediante un trauma infantil. Se puede dar en niños que han sufrido situaciones muy dramáticas en su infancia y han tenido que usar este mecanismo de “negación de la realidad” para sobrevivir. También puede ser que de niño sus padres le hayan desmotivado en cuanto a sus sueños e ilusiones.

Bien integrado, es un adulto sumamente creativo. Son personas que ven la belleza en todas partes, y no se cortan a la hora de expresar sus pensamientos y fantasías. Tal vez incluso estando bien integrado este arquetipo, pueda parecer infantil a ojos de los demás. Pero esto no es así en absoluto, lo que ocurre es que mantienen esa fresca imaginación y espontaneidad de los niños, que la mayoría de los adultos olvidaron y enterraron hace tiempo.

El arquetipo del niño, es el primero a trabajar, si te dispones a practicar el autoconocimiento mediante arquetipos. Es la base de nuestra psique, sobre la cual se asientan los demás arquetipos de la supervivencia.

En la próxima entrada sobre arquetipos, puedes conocer a  nuestra prostituta pinchado aquí. Paz y amor.

 

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